El paciente infectado por el VIH, en la consulta

A pesar del riesgo "mínimo" de transmisión del VIH entre los trabajadores de la salud, existen negativas en la atención odontológica hacia el paciente con VIH, debido en parte al alto índice de mortalidad de esta infección y a la ausencia hasta ahora, de un tratamiento curativo de la enfermedad. Sin embargo, el aumento gradual de los sujetos infectados por el VIH reportado en la actualidad, aunado al incremento en las tasas de sobrevida de los casos ya existentes, y las  mejores terapias anti-retrovirales, eleva los requerimientos odontológicos de dichos pacientes.

 En el presente artículo se describen brevemente los aspectos involucrados con la indisponibilidad del cirujano dentista para brindar atención odontológica al paciente con VIH; entre los cuales se destacan los conceptos erróneos sobre los riesgos de transmisión del VIH y el temor por un uso inadecuado de medidas de control de las infecciones en el consultorio dental.
La epidemia producida por el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) ha ocasionado en los últimos años, diversos cambios en la atención odontológica, principalmente debido a la percepción de un riesgo ocupacional adicional de contagio dentro del consultorio dental.

 Paradójicamente, el riesgo de transmisión del VIH entre los trabajadores de la salud es muy bajo; se ha calculado en sólo un 0.32% por heridas percutáneas con objetos punzocortantes, específicamente dentro del consultorio dental, la cifra es minúscula (<0.004 por contacto) si la comparamos con el riesgo de adquirir el virus de la hepatitis B, el cual se estima en un 6-32% por contacto.5 En la actualidad, exclusivamente ocho de 36,000 casos de transmisión de la infección por VIH, registrados en los reportes epidemiológicos hasta julio de 1998, han sido atribuidos a exposición ocupacional.

Las publicaciones concernientes a la indisposición del gremio odontológico para brindar atención a los pacientes seropositivos al VIH son escasas en la actualidad, por lo que en este trabajo se pretende a través de una revisión selectiva sobre este problema, destacar las posturas de atención dental hacia el paciente con VIH más relevantes descritas en la literatura odontológica.

Antecedentes :

En los años 90, el temor al contagio del VIH en la práctica odontológica se vio exacerbado, al publicarse la posible transmisión de este virus en el consultorio dental, a través de un dentista con SIDA. En el reporte del caso ocurrido en EEUU (caso Acer), se asumió el contagio del VIH a través del odontólogo hacia seis de sus pacientes. Los resultados de las pesquisas en torno a la transmisión del VIH en este controversial suceso no fueron contundentes, omitiéndose la evidencia de diversos datos epidemiológicos, clínicos y de laboratorio en los análisis de las investigaciones. A pesar de exhaustivos estudios, jamás se logró la reproducibilidad de estos hallazgos, por lo que se concluyó una ausencia de evidencia fidedigna, que apoyara la transmisión del VIH hacia el paciente en la práctica dental, a través de un dentista con SIDA.

Sin embargo, independientemente de los acontecimientos antes mencionados, la incertidumbre sobre las potenciales vías de transmisión del VIH por la vía bucal y de los factores inhibitorios de la infectividad del virus involucrados en esta localización durante la práctica dental, influyeron en el dentista de manera negativa, ocasionando el rechazo de pacientes con esta infección en un porcentaje considerable.

Aspectos del rechazo :

En los últimos años se puede leer que el 54 % de los Odontólogos del Distrito Federal, consideran que el riesgo de contagio por el VIH durante el tratamiento dental es alto o desconocen la magnitud del mismo, el 25.% abiertamente no está en disposición de atender sujetos con VIH en el consultorio dental; de los cuales, el 73.7% teme perder pacientes si en su consulta odontológica se atendieran individuos infectados por el VIH. En otros países, desde un 20% hasta el 84.4% de los dentistas se niegan a atender al paciente con VIH.
Se menciona también que el temor de la población en general, a infectarse por el VIH dentro de las áreas de atención a la salud y específicamente dentro del consultorio dental, esto podría estar influyendo en el rechazo de la atención del paciente seropositivo al VIH por el dentista, y se ha sugerido incluso, de una discriminación hacia el paciente infectado por el VIH .

Asimismo, se ha observado que los odontólogos cuya especialidad se vincula más frecuentemente con sangre y aquellos con antecedente de contacto previo con otro paciente seropositivo al VIH, tienen una postura más favorable para brindar un manejo dental al sujeto con VIH.

Por otra parte, se ha publicado que un alto porcentaje de los cirujanos dentistas considera que el aceptar atender al paciente con VIH, incrementaría los costos de la atención odontológica, al generarse un aumento en las medidas de control de infección en el consultorio dental.

En la literatura universal, se ha descrito la asociación entre la disposición de atender pacientes seropositivos al VIH o con SIDA y el uso de ciertas medidas de control de infección en el consultorio dental, como son los guantes , mascarillas y  los anteojos protectores; observándose que son los dentistas del sexo femenino y los jóvenes quienes actúan con mejor disposición para utilizar las medidas de control de infección, como también es cierto que ciertos dentistas se niegan a atender sujetos infectados por el VIH por no tener disponible un equipo de esterilización adecuado.

Asimismo, se ha publicado que el conocimiento del dentista sobre las medidas de control de infección, difiere de sus actitudes y conductas mostradas con relación a estas precauciones, no sólo en la práctica dental general rutinaria, sino también en la práctica especializada de las diversas ramas odontológicas, inclusive en el ámbito del sector educativo odontológico, se ha descrito ampliamente la inconsistencia del dentista para efectuar las medidas de control de infección durante el ejercicio de la odontología.

En resumen, como puede notarse en los párrafos anteriores, a pesar del bajo riesgo de transmisión del VIH en el consultorio dental, descrito en los estudios previos y subsecuentes al caso Acer, el temor y la negativa de atención al paciente infectado por el VIH han persistido, debido en parte a la ausencia de medidas adecuadas de control de infección dentro del consultorio dental.

Medidas de control de la infección :

La aversión hacia el paciente con VIH ha llevado a conductas discriminatorias, a pesar de la universalidad de las medidas de control de las infecciones en las áreas clínicas, ciertos odontólogos únicamente ante la sospecha de encontrarse frente a un paciente con VIH, aplican estas precauciones o bien las incrementan, sin embargo, la práctica odontológica en la que existe la distinción de un paciente, en relación a la aplicación de las medidas de control de infección en el consultorio dental, es considerada inapropiada e inútil. Por una parte, se sabe que ciertos sujetos conocedores de su seropositividad al VIH, ocultan al dentista su estado serológico, con el fin de evitar su rechazo, por otra, considerando que un gran número de los pacientes infectados por el VIH son asintomáticos por períodos prolongados y que las pruebas de anticuerpos para detectar el VIH no son positivas hasta un lapso de 2 a 6 meses después del contagio, es poco probable la identificación de un alto porcentaje de los sujetos portadores del VIH en el consultorio dental.

A pesar de lo anterior, la mayoría de los odontólogos ha intentado identificar al paciente con VIH, modificando sus cuestionarios médicos, enfocándolos a detectar exclusivamente factores de riesgo para adquirir el VIH. Incluso se han analizado las manifestaciones de la mucosa bucal asociadas al VIH, con la finalidad de conocer su valor como identificador de un paciente infectado por el VIH; pero a pesar de que estas lesiones son altamente prevalentes en el sujeto con VIH, tanto en etapas tempranas como avanzadas de la enfermedad, carecen de un valor pronóstico individual de la infección por el VIH, dado que no son patognomónicas de dicha condición.

Conclusión :

En loa últimos años se han publicado diversos estudios concernientes a las actitudes del dentista, mostradas hacia el paciente con VIH y sus factores relacionados con la prestación del servicio odontológico, dentro de las múltiples razones para la negación de la atención odontológica hacia el sujeto infectado por el VIH, predominan aquellas relacionadas principalmente con deficiencias en el conocimiento y aplicación de las medidas de control de infecciones en el consultorio dental.

La elaboración de programas o medidas encaminadas para transformar esta postura, deberán enfocarse a eliminar la inseguridad en el control de las infecciones dentro del consultorio dental, reforzando la enseñanza sobre el tema, para llegar a un dominio rutinario en la aplicación de las medidas que eviten la infección cruzada en odontología; así como a una difusión de los conocimientos sobre los diversos aspectos relativos a la enfermedad ocasionada por el VIH, que eliminen los estereotipos, la aversión y la discriminación de estos pacientes.

Deberíamos de una vez por todas, de saber aceptar al paciente seropositivo como un paciente más, pero muchas cosas deberán cambiar, desde la legislación hasta el comportamiento humano, de cada uno de nosotros.
 



 


 

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